Se puede ser más estúpido

Siete pastillas y dos sobres

Posted in Du und Ich by El autor on 08/03/2015

Breve introducción a la locura crónica asistida.

Estamos en una habitación a oscuras. Sentados. Una voz se dirige a nosotros en medio de la más oscura nada.

– ¿Dónde está la ventana?

Hacemos un esfuerzo sobrehumano para responder con solvencia esa pregunta, preguntándonos a nosotros mismos de quién es esa voz.

– No lo sé. A mi derecha… no, detrás de mí. No lo sé, no lo tengo del todo claro. No con seguridad.

Desorientación.

Motocicletas poderosas y sinuosas carreteras comarcales a principios de los 80. Ahora estamos en el roqueo del astillero de jábegas. Ella toca la guitarra, tiene una voz preciosa; está cantando una canción revolucionaria.

Los mejores años fueron esos, no hay duda.

Carlos de Haya. El símbolo del mal. Su nombre evoca una dictadura represora y cruel, especialista en la erradicación de toda idea contraria o crítica a base de maltrato y manipulación psicológica de la masa, exhibiendo y asentando en el imaginario común todos los símbolos y héroes creados para tal fin.

Allí una artrosis degenerativa se la está llevando. Es inhumana nuestra fecha de caducidad.

El magnate ha llegado a la terraza. Quiere celebrar una comunión. La más fastuosa celebración de la costa. Quiere los 400 metros cuadrados de la terraza. Quiere la pista de baile, los jardines, los ficus, las yucas, las palmeras y los pinos. Quiere los billares, los futbolines; quiere los videojuegos, y te lo dice comiendo unas avellanas de tu máquina. Son cinco duros. Cacao.

Es el dueño de las tragaperras de toda la provincia, y en plena expansión. Le ha gustado el sitio y te hará una oferta que no podrás rechazar.

Si algo echas de menos es poder comerte un buen plato de cuchara.

Puede que sea la medicación, o quizás mezclarla con alcohol, pero el pulso lo has perdido. Eso y la memoria. No sabes qué están haciendo contigo exactamente, pero sientes cómo todo se va borrando, en voz baja, y te das cuenta de ello cuando empiezas a buscar, a revolver tus recuerdos en busca de algo en concreto.

Parece que alguien ha abierto esos cajones y lo ha desordenado todo. Y parece que se está llevando algo. Ni siquiera puedes comerte una porción de pizza sin que los champiñones acaben en cualquier sitio menos en tu boca.

La noche del secuestro estaba muy enfermo. Querían robar en una obra. Me amenazaron con un cuchillo enorme.

La lluvia vuelve al paseo y sorprende al vendedor de rosas. Lleva elegantes zapatos y pantalón negros y una camisa de rayas blancas sobre negro. Ni finas ni gruesas, rayas blancas sobre negro.

El reclamo perfecto para el ejecutivo agresivo que intenta ligar entre la barra y la máquina de tabaco. Ese es un insensible.
Volviendo al vendedor… Su corbata es rosa. Sus rosas son rojas, reales y envueltas en lámina de plástico transparente. Hoy están más frescas que nunca.

La gomina es impermeable y crea unos enigmáticos microsurcos donde se aloja el agua de lluvia. No se puede vender así. A menos que el fotógrafo hoy tenga uno de “esos días”.

“Pero es que hoy te amo, y esta tarde me imaginaré saciando a tu mejor amiga.” -Adivinen-

La locura respetada suele ser realmente cordura ingeniosa y aventurera, pero no locura. La locura real se pudre en los bares del pueblo.

Arroyo de los ángeles. Un enrejado me separa del mundo exterior. Quiero un cigarro. Alguien está fumando en un radio de 500 metros. Estoy convencido. Aqui está, y aquí. No paran de pasar fumadores y yo quiero un cigarro. ¿Tiene un cigarro? ¿Me da un cigarro?

Están fumigándonos como a cucarachas. No sé con certeza de quién depende, a quién se le ocurrió la idea y de qué demonios se trata pero estoy convencido de que es malo, y que, entre otras cosas, buscan controlarnos. Podrían ser alienígenas, podrían ser castristas, o testigos de Jehová. Alguien está fumigándonos. Aun así hace una mañana estupenda.

Odio las aerolineas, las odio a todas por igual. Odio los aeropuertos como todo Internet. Aeropuertos en Internet si, Internet en aeropuertos… Quiero un cigarro. Uno electrónico. Quiero el cigarro electrónico con más megapíxeles que tenga, y lo quiero ahora. Pagaré al contado, vengo de Andorra, soy del PP y me suda todo la polla.

De noche no hay ozono. Bueno, hay, pero en unas proporciones inferiores que de dia.

Yo nunca he tenido un cuaderno. Dicen que así fue. Mienten. Todos mienten a mi alrededor. Lo del cuaderno es lo de menos. Era una librartera y eran momentos de los demás, nada de eso me pertenecía, ¡Dios me libre! Yo nunca he tenido un cuaderno. Acabé 5 de ellos antes que esta historia y sigo sin cuaderno.

Y mañana volvemos a empezar. Me tomaré estas siete pastillas, me beberé estos dos sobres. Me miraré al espejo después de lavarme la cara. No me reconoceré, no por mi enfermedad, no, sino porque el que era yo yace muerto ya hace rato.

Uno entre 680.000 fans

Posted in Du und Ich, Uncategorized by El autor on 27/04/2014

Así me siento cuando te pienso. Me siento como uno más de los seiscientos mil que alguna vez te desearon hasta los tuétanos. Y es que es imposible no despojarse del alma de uno cuando se te tiene delante la primera vez.

Misteriosa, completamente desconocida. Recuerdo de unas risas y miradas compartidas. Ternura, empatía, absoluta dulzura. Humildad y una sonrisa y unos ojos que deslumbrarían a la luna.

No sabes el miedo que me daba marcar tu número, no tienes ni idea. No es fácil, de verdad. Me gustaría verte en ese papel.

No es fácil, no, esto de estar al otro lado del silencio. Pero el hecho de que todas las opciones posibles sigan ahí es cuanto menos apasionante.

Perdona mi insistencia, mi impaciencia… Soy demasiado dado a la intensidad y no soporto la incertidumbre. Pero de verdad, ya no insistiré más. Conseguiré perderte antes de ganarte.

Nunca antes de ahora había sentido este remolino interior ante la mirada de nadie. La risa nerviosa me invadía cuando me sonreías. No podría pasar de algo así ni siquiera bebido. No me perdonaría dejar pasar la oportunidad de seguir conociéndote. De saber hasta dónde me soportas, hasta dónde te revoluciono también yo.

Seré el 574.000, el pesado, el excéntrico, el encantador, el loco, el viejo, el charlatán, el culto. Sería cualquiera de esos 680.000 si consiguiera con eso volver a sorprenderte, volver a robarte la sonrisa, las palabras y algún minuto.

No voy a culpar a la primavera de esto, yo soy el único culpable de querer descubrirte y alegrarte los amaneceres.

Y no se me ha ocurrido mejor manera de contártelo que enseñándote mi blog.

Y es que, este amanecer de domingo también te pertenece un poco.

Si todo esto te aterra en lugar de conmoverte descuida, a mí me da más miedo que a ti.

Cinco

Posted in Du und Ich, Ich by El autor on 19/01/2010

La rima cruel, los dedos de Dios. El número máximo de horas que puedes dormir al lado de la persona que te atrae infinitamente sin tratar de hacerle el amor. También son las veces que he tratado de comenzar este texto y, por extensión, actualizar regularmente un blog.

No estoy hecho para la rutina, lo siento, no valgo para un “de ocho a tres”. Aunque puedo hacerlo, quede constancia, pero si puedo evitarlo, lo evito. Hoy por ejemplo, mi jornada laboral empezó pasadas las 22 horas, y aún cuando perfilo estas líneas, 04:30 a.m., no ha terminado.

Si hay un patrón que no falla a la hora de buscar pareja es el coche de tu madre. Si ella/el tiene un coche del mismo color y modelo que tu madre, que no se te escape. A la hora de buscar una madre para nuestros hijos, en cambio, no debemos fijarnos en cosas tan superficiales como un modelo de coche…

Cómo encontrar a la madre de sus hijos:

No la busque, aparecerá ella sola.Es más sencillo por tanto que preparar un buen café. Si aún así la respuesta no le convence e insiste en buscarla, atienda a estos aspectos:

La madre de sus hijos no puede cansarle la vista, debe hacer justo lo contrario. Sus ojos, por tanto, han de ser aquellos que lleven su vista al infinito (o más allá). Si usted una mañana se cansa de mirar esos ojos, esos hijos no son suyos, pues ella no es la madre de sus hijos.

La madre de sus hijos jamás le hará daño.

Seguramente digan palabras al unísono sin entender muy bien por qué; no tema, eso se llama sinapsis sincrónica y no la recoge ningún libro de Ciencias aún. Simplemente tienen el modo inalámbrico conectado.

Una vez usted la encuentre, no se preocupe, en ese momento todo se irá al carajo. Porque si hay algo que no falla a la hora de medir la consecución de un objetivo es el siguiente estado de disonancia que nos invade. Las dudas y el terror a lo cotidiano. Sí, el terror al desgaste, al traspiés, al paso en falso, al error y al dolor. A eso, y a no pocas cosas más, es a lo que nos enfrentamos cuando los planes salen bien. Pero cuando nada tiene que ver con un plan y todo lo que ocurre es puro azar, atracción y química, entonces las probabilidades se multiplican en progresión geométrica.

¿La solución? El hurto. Robar ideas, valores y situaciones. Robar chistes y expresiones es el mejor antídoto para olvidar nuestros temores. ¿Debo recordarles que los gansos heredarán la tierra?

Tres millones de besos

Posted in Du und Ich, Ich by El autor on 09/01/2010

Castos y puros, ¡ya sabes! No, en serio. Vamos a empezar por uno, luego por otro y después por otro. Ya tendremos tres. Sólo quedarán dos millones, novecientos noventa y nueve mil, novecientos noventa y siete para que mi retorcido plan concluya. Serán besos de buenas tardes, de buenas noches y te aseguro que también habrá de buenos días. Serán con prisa, serán excitados, nerviosos y tiernos. Serán pausados, sutiles y gamberros. Serán de vaca, algunos sí.

Pero no sólo de besos vive el hombre. También pienso buscar tu carcajada, tus labios y toda tu piel. Llegaré a las yemas de tus dedos y haré que olviden el frío para siempre. ¿Para siempre? quizás no así, porque ya sé que adoras el frío.

Llenaré tu cabeza de canciones, llenarás la mía de otras tantas. Marcaré el 091 cuando quiera: es gratis. Escribiré el número suficiente de mensajes para colapsar la mermada memoria de mi teléfono de gama base, mi teléfono indestructible y con linterna. El batmóvil empieza por seis; pobre Robin.

Este es el post de la ilusión, así que no me llames iluso porque te cante una canción.

Atrapado en el espacio, donde se repiten una y otra vez las órbitas alrededor de tu sol. Voy a rebuscar en todas las estrellas, porque seguro que encontraré algo de ti en la superficie de alguna de ellas. Luego voy a enseñarte mis logros y también mis fracasos. Acertaré un montón, y se me escaparán decenas de matices, pero te voy a decir una cosa:

No voy a venderte la felicidad eterna porque no creo en ella. Debo incidir no obstante en que los pequeños momentos que pases a mi lado, todos, intentarán ser los mejores de tu vida.

Si te gusta este post: tres de tres. La estadística no falla, dice Montse (mi madre).

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