Se puede ser más estúpido

Feliz 2050

Antes conocido como ‘De cómo recargo 5 euros y el mundo sigue girando, como la letra “o”‘.

Doblan campanas y la ciudad echa su siesta.

Yo uso prepago. Una vez abusé del teléfono de mi padre. Tardaré en hacerme un contrato y dudo que sea de voz. Estoy esperando a que Álex de la Iglesia ponga el cine en mi móvil. Aunque con que me llame está bien.

El “conque” tiene tarea. Los idiomas me resultan apasionantes. El finés por ejemplo parece un idioma preparado para hablarlo en constante castañeo dentario. O el andaluz, que te permite seguir hablando incluso sin ganas de hablar. Cuanto más extraña sea la lengua que hablas, más facilidad tendrás para hablar las demás.

He estado haciendo balance de este 2049 y he llegado a la conclusión de que 7 es la raíz cuadrada de 49. De números ha ido este año, como tantos otros. ¿Cómo irán en este 2050 los objetivos de desarrollo del lustro?

Sobre la navidad pensé el otro día acerca del repunte en el consumo de alcohol en todo tipo de reuniones y eventos sociales. Pensé en la diferencia de calidad de todo ese alcohol consumido, en la mezcla del mismo (en forma de vinos, fermentados, destilados y bombón de frambuesa) y en cómo finalmente actuaría ese depresor sobre nuestro sistema.

El problema de todo es que todo lo celebramos con alcohol. Carnaval, primavera, verano, matrimonios, empleos, navidad.
A lo largo del año coleccionamos varias ingestas de alcohol superiores a un consumo “normal”. Qué coño es normal.

La navidad, la siempre responsable de unir a los seres queridos es este año la culpable de separarme de todos ellos. Siempre diluvia en mi cuento de navidad, truena y ninguno de mis despertares supone una gran lección.

Sumidos en una crisis económica, la verdadera crisis, la de la libertad, es desplazada por enormes carteles luminosos que nos felicitan. Alguien me preguntó alguna vez el motivo de tales felicitaciones. Yo salí al paso asegurando que nos felicitaban por resistir un año más a toda esa función de hipocresía y exceso de azúcar. Y salir airosos de ella. Hoy creo firmemente que se trata de otra cruel burla de los minúsculos círculos de poder que, por suerte, son muy navideños y andan de vacaciones.

Nos hicimos amigos del conserje del albergue. Fueron los mejores años. Y así comienza mi vida de peatón penitente.

Sean felices. Siento hacer literatura fácil. Mi deseo para 2050 es el mismo que pedí para 2011: que todo lo emprendáis de nuevo con la ilusión de la primera vez.

Millones de primeras fotos para todos ustedes.

Gracias por valorarlo.

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